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    April 28

    El día del espectador

                Tengo que reconocerles a ustedes que no soy amigo de las evaluaciones ni de las que son sinónimos de exámenes ni de las personales pero, anoche cuando llegue a casa tengo que reconocer que me paré a pensar en todo lo sucedido durante el día y no puede más que encontrar sucesos positivos.

                Hubiera podido ser uno de esos días en los que el deporte lo ves sentado en el sillón viajando desde Málaga después de haber visto la victoria del Unicaja ante el DKV Juventud, desde ahí a Barcelona al Gran Premio de España, para desplazarte a Mónaco y ver el cuarto torneo consecutivo de Nadal en esa ciudad y regresar a Madrid para postergar la celebración de la liga a pesar de haber ganado al Athletic.

     

                Pero, ayer, algo me sacó de casa, algo de lo que no me arrepiento, algo de lo que me siento muy orgulloso. Verán ustedes, no sé si ya se lo he comentado en alguna ocasión, si es así, disculpen que me repita, entreno un equipo de baloncesto de chavales, el preinfantil masculino del Colegio San Agustín de Madrid. El domingo se celebró un torneo 3x3, en el colegio Aristos de Getafe, organizado por el Real Madrid para esa categoría. Del club acudieron dos equipos. Uno llegó a la final, después de haber ganado siete partidos y ganar en la semifinal a un equipo formado por jugadores del Madrid (la final la jugaron contra otros chavales de la cantera).

                El equipo finalista de San Agustín estaba formado por Miguel Martín, Nico Ballester, Andrés Vázquez y Asier Vega. Dos de ellos, Andrés y Asier, juegan en el preinfantil masculino, Miguel y Nico lo hacen en el Infantil “A”.

                Como premió se llevaron una camiseta de entrenamiento del Real Madrid, que inmediatamente se pusieron. Estaban felices, contentos.

                Por mi parte, la sensación que tuve cuando terminó el torneo es indescriptible. Por mi parte, les diré a ustedes que estaba emocionado y tremendamente orgulloso de estos cuatro chavales.

                Se merecían ganar pero, no porque ayer jugaron mejor que sus rivales, porque defendieron como jabatos, sino porque han trabajado durante toda la temporada, han faltado a pocos o ningún entrenamiento y están cuando sus compañeros lo necesitan, han estado ahí, sin quejarse, sufriendo, ya sea en defensa, en ataque o con palabras de ánimo desde el banquillo.

     

                Simplemente ¡¡¡ENHORABUENA!!!, Miguel, Nico, Andrés y Asier.

     

     

     

     

                Después de las emociones de la mañana y, de yantar y remojarme el gaznate, practicar esa costumbre tan española que es la siesta, dirigí mis pasos hacia el Santiago Bernabeú. Existía la posibilidad, como todos ustedes sabrán, de que el Madrid ganase la liga. No ocurrió así, ganamos al Atletic, y el Villareal al Betis, así que tendremos que esperar una semana más para celebrar el trigésimo primer título de liga.

                Aparte del espectáculo deportivo, el Bernabeú también sufre los cambios propios de cada estación, en la grada ya no veían los tonos oscuros del invierno, sino colores claros que anuncian la llegada del buen tiempo ¿o será el  triunfo en la liga?

     

                El caso es que cuando me fui a dormir lo hice con una sonrisa de felicidad en la cara. Fue un bonito día del espectador.

     

     

    April 06

    El dos de mayo

    Muchos y mejores que yo han escrito sobre el dos de mayo, desde Mesonero Romanos hasta Pérez- Reverte. Pero, para mí, como madrileño, es una fecha que me remueve por dentro y que, en estos días, me hace sentir orgulloso de ser español.

    Quizás, mejor dicho, seguro, que el primer recuerdo que tengo de esos acontecimientos es el cuadro de los fusilamientos de La Moncloa de Goya, que mi abuelo me llevo a ver cuando tenía tres o cuatro años. Recuerdo haberme detenido delante de esa pintura, impresionado, ante el paisano de rodillas, con los brazos abiertos y una camisola blanca, delante de los fusiles franceses en la noche negra.

    Luego, en mi mocedad, cuando buscaba ese primer beso robado, o tomaba mis primeros “minis”, recorrí las calles en las que se desarrollaron los combates cuerpo a cuerpo, o el lugar donde se encontraba el parque de artillería de Monteleón, calles que hoy llevan el nombre de los héroes que allí lucharon, Manuela Malasaña, La Plaza del dos de mayo, el monumento a Daoíz y Velarde; sin ser consciente, del todo, de lo que allí pasó.

    Tenía una visión romántica del dos de mayo. Pensaba que fue todo el pueblo de Madrid el que se sublevó. Pero, en la visión de Pérez- Reverte son sólo unos cuantos centenares, suficientes para que, hoy, un madrileño treintañero se sienta orgulloso de ello y de aquellos valientes.